martes, 12 de diciembre de 2017

José Cardoso “Aventarse y ver qué genera el ambiente (…) los lugares dentro de un lugar…”

José Cardoso

“Aventarse y ver qué genera el ambiente (…) los lugares dentro de un lugar…”

 

José Cardoso dibuja, ilustra, escribe, filma y, además, lo hace con naturalidad. He visto y admirado su trabajo desde hace años, cuando nos conocimos y coincidimos en la UDA compartiendo ideas y proyectos. Ahora, 20 años después, el “Teken”, como le decimos algunos amigos, es un realizador audiovisual y animador Stop Motion con varias películas a cuestas, premios a nivel nacional e internacional y una ávida búsqueda que cataliza sus proyectos en los que, sobre todo, podemos encontrar magia. Por todo esto y por la suerte de la amistad, dialogamos una mañana entre risas y claridades de todo lo que hace de José una voz que hay que escuchar.

-               Desde que te conozco ha sido evidente tu pasión por la imagen y, desde hace casi 10 años, tus proyectos se han enfocado en la creación de cortos y largometrajes. ¿De dónde llega esa apuesta por el cine?

Ese poder sobrevivir con lo que amas… Yo estudié diseño gráfico y podría dedicarme a eso, pero no me puedo llenar haciendo marketing o trabajo publicitario, por eso encontré el cuento, dentro de la rama gráfica y la ilustración. La ilustración, que es algo que me encanta hacer, fue una búsqueda de des-computarizarme, de poder tener contacto con la materia. Lo que no es tan fácil con la ilustración es esa otra parte: sobrevivir (risas). El audiovisual permite lo que para mí buscan el cuento y la ilustración: un hechizo, el rato que estás leyendo y vives la historia… Luego, me salió la posibilidad de estudiar algo y elegí (como si uno eligiera) Animación Stop Motion, con lo que mantengo ese contacto con la materia y al mismo tiempo entro a la posibilidad del cine. Igual, aún le veo como algo distante, pero al ver los primeros trabajos de Herzog, o de artistas que uno admira y entender que esos primeros trabajos no son la obra maestra, pues hace que lo intentemos…El cine atrapa la atención, el espectador puede estar atrapado sin hacer nada de esfuerzo, lo que no pasa en la lectura ni en la ilustración (imagen - texto); es una ventaja súper rica, porque lo puedes usar para hacerle partícipe por medio de una interacción en la que tiene que completar cosas que no están ahí.

-               ¿Esa necesidad de narrar con imágenes, de contar historias o de ficcionarlas, se debe a, siguiendo a Borges, que la ficción es más real que la realidad? 


Estoy trabajando ahora en documental, he escogido hacerlo y me ha tocado hacerlo. Y de todas maneras me parece que es ficción. De alguna manera, por más que muestres algo que existe, una persona que esté dando su testimonio real y voluntario, es un poco como un sueño, porque estás dirigiendo el momento, el personaje, el encuadre (que no aparezca algo o que sí aparezca algo) y cómo lo vas a contar. Hay tantas decisiones que siempre termina siendo una ficción. Ahora, ¿por qué hacer todo ficción? ¿Unas con bases que existen y otras que no existen en el mundo material? El momento que cuentas ya estás ficcionando, porque ya eliges qué parte contar. El cine o el audiovisual es siempre una ficción, pero en el documental tienes límites, que tienen que ver con el respeto.

-               ¿Cómo se da el proceso creativo?; es decir, en tu proceso, ¿hay un método?

No sé si tengo un método creativo, pero si han habido métodos. Por ejemplo, en “Buscando a Huajari”, yo sabía que en esa comunidad había algo esencial o había algo o mucho por aprender. No sabía qué iba a pasar, pero algo había… ese fue el inicio para hacer documental ahí. El proceso, luego, se fue dando. En otro caso fue un poema ilustrado, traducido a animación. En algo que estoy trabajando ahora, sobre Sudáfrica, es la indignación: me di cuenta que estaba viviendo en un edificio que pertenecía a una persona que encontré, que me hice amigo y me dijo “mi familia vivía ahí, me votaron de ahí por mi color de piel”. Y ya no podía entrar de la misma manera a mi casa y, como un exorcismo empecé a trabajar en ese documental. En “Sr. Quinde” era más bien como tratar de encontrar metáforas para eso lindo que le ha llegado a uno que es la meditación… esos serían los inicios del proceso creativo, el desarrollo de eso dependería de lo que se está haciendo, porque cada chispazo tiene su propio camino, o no lo tienen y se quedan en lista, ahí, sin saber si se seguirán desarrollando. No sé si respondo, pero el proceso creativo no es muy claro.

-               ¿Qué es el stop motion?

Vendría a ser animación, dibujos animados, pero con objetos físicos. Pueden ser plastilina, papelitos, cosas metálicas, mermelada con pan… lo que sea. Un trabajo de mucha planificación. Es decir, sin planificación, que es rico y un reto, demanda mucho tiempo.

-               El concebir ideas, frame por frame, es un ejercicio de profunda creación, una suerte de estar presente, en el instante, y construir sobre él.

Lo más rico es que la planificación se va al diablo el rato que quería que el personaje de plastilina se ponga en la postura de pensador, pero le has hecho el brazo muy chico y le llega al corazón (risas). Eso también es rico porque las historias se van cambiando en el proceso.


-         Revisando tu trabajo se nota un discurso, es decir, un sur que se muestra como una suerte de compromiso. Me refiero a que muchos de tus trabajos nos muestran realidades que sacas a flote, como para pensar en ellas… ¿hay un compromiso en lo que haces y, de ser así, hacia qué?

Sí. Es decir, me parece que no existe la imparcialidad, la objetividad, siempre hay algo que influye. Al momento de abordar un proyecto, no me interesa el tratar de dar los dos lados, sino más bien el que siento compartir, mi vivencia del cómo veo.


-               ¿Alguno de tus proyectos que se guarde un lugar especial en el shungo?

Creo que todos los que son independientes, todos los que hemos trabajado desde su nacimiento… que no son muchos. Incluso hay algunos que han sido encargo y han terminado transformándose en algo independiente. Por ejemplo, el René Zabala me mandó a hacer una escenografía en movimiento para sus obras de teatro y luego me shungué tanto que le pedí me dejara usarla para un corto. Y claro, mucho cariño; pero los que han sido de raíz, de semilla, se guardan un montón de cariño.

-               No podemos dejar de hablar de los viajes que has hecho, porque son varios y son, además, hacia realidades distintas…

Igual, estando en Cuenca, hay necesidades de desplazarse, de ir a territorios en donde sospechas algo. Cuando ha habido la oportunidad, porque en verdad es una bendición poder viajar a un sitio en la posición de llegar tranquilo, sin huir, establecerse y tratar de atender, es una maravilla, porque pasan cosas. Un amigo japonés vino a Cuenca sin hablar español ni inglés, y le pregunté: ¿cómo haces eso?, ¿cómo llegas a América sin hablar el idioma?, ¿cómo te comunicas? y él me dice: “vengo a aprender nuevos colores”, eso me dijo al llegar y, cuando se fue, me dijo: “nunca había dibujado conejos…”. Así pasa, en Sudáfrica yo iba con una idea, con proyectos de ficción que estaba desarrollando pero me ganó otra cosa, lo que viví allá. Aventarse y ver qué genera el ambiente es algo bien rico. Y estando en un sitio, te llaman los lugares dentro de un lugar.

-               ¿A qué le das más peso, a la academia o a la experiencia, partiendo que has tenido de ambos en tu camino?

A mi me cambió la vida la universidad, no por ella en sí sino por haberle conocido al Toño Harris, por ejemplo, por haber compartido con el Santiago Baculima, con vos; es decir, estar en un sitio en donde todos están yendo con la misma gana. Pero por otro lado, ahora, me interesa mucho más lo vivencial, o los talleres, ese formato me parece interesantísimo porque sabes a lo que vas, en cambio en la universidad, toca de todo.

-               ¿Hasta qué punto la tecnología (en lo audiovisual) marca la posibilidad de hacer o no un trabajo?

La parte positiva: me encanta que sea tan accesible. Lo que hace dos años parecía un mito (el 4k), ahora las cámaras vienen con 4k y cuestan lo que antes costaban las HD. El tener acceso es muy rico, hace que no solo gente con dinero puedan acceder a estas maneras de expresión, ya no es desorbitante. Por otro lado, me parece que es una limitante que se ponen algunas personas, de gana… un amigo me decía que no empezaba su documental porque no podía acceder a una cámara específica que no podía comprar. Luego, empezó con una tecnología anterior ¡y ya está! Es decir: te vas al cine: 4k, sonido 5.1 y vez la última comedia de Derbez; o ves que han subido películas al YouTube (por ejemplo, Pasolini tiene varias ahí) y al verlas, sales impresionado. Ese es un claro ejemplo de que no importa tanto. Claro que es rico el tema tecnológico, pero no debe ser una limitante. Con la Fer, nos planteamos sacarle el jugo a las herramientas que tenemos antes que preocuparnos por lo que nos hace falta. El rato que una herramienta nos queda corta, es el momento de pensar en otra… la limitante obliga a ver otras cosas, a actualizarse.

-           ¿Qué tan importante es la luz, a la hora de filmar?

Como decía el Hernán Salcedo, en tu entrevista anterior, lo rico del cine es que tiene tantas técnicas juntas en un solo momento, y cada una puede aportar o abusar, todo en función de lo que quieres contar. Para mí es importante que cada elemento juegue en la medida necesaria y que todos jueguen en pos de la misma meta, del mismo camino. Me encanta que cada una de las herramientas pueda desarrollarse por alguien que lo haya trabajado, es decir, si puedo trabajar con un fotógrafo, con actores, con editores y que todos tengamos la misma visión: es riquísimo porque ahí todas estas cosas se construyen. Algo rico del cine es que, cuando un equipo está convencido, todos aportan. Hablando de la luz, en una experiencia de un trabajo actual, decidimos no usar luces más que la de un teléfono… fue interesante. La luz en función de la historia.



-               ¿De qué otras artes te nutres para tus trabajos y están presentes en tu vida?

Los que más me fascinan son la literatura (la poesía) y la música. Son como una película para ser desarrollada dentro de cada persona. La emoción está ahí, el ritmo… Siempre están.


-               En tu quehacer está lo audiovisual, como profesión: ¿de qué más se alimenta ese día a día?

De mi pareja, de fútbol, del río, de la casita, del paseo, de los panas, de los tropiezos.


-               ¿Referentes estéticos a quienes acudes o te han inspirado?

Personalmente me encanta Jan Švankmajer, animador checo. Narrativamente, me encanta Scorsese: ¡qué experiencia es ver Goodfellas!; cuando ya terminaste de verla, sales del cine y empiezas a tener una voz interior (risas). Es un maestro de la narración. Teóricamente me encanta Tarkosvsky, Herzog, la ideología es maravillosa, me encanta y me ha ayudado mucho acercarme a esa manera de pensar. Herzog tiene mucho eso de “deja de darte vueltas y lamentarte y hazlo”; eso pasa con la tecnología o con la narración misma. En ecuatorianos, yo crecí con “Ratas ratones y rateros”. Lo siguiente que vi y me sentí orgulloso, de decir que fue hecho en la tierrita de uno es “Rabia”; me encantó “Europa report”… Sebastián Cordero me ha inspirado y tener la experiencia de trabajar a su lado fue linda, el conocer a alguien que le sigues y darte cuenta de que como ser humano es también admirable. La mejor película ecuatoriana que he visto es “Entre Marx y una mujer desnuda”, tan antigua y a la vez tan sin tiempo.




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